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Adicción a los videojuegos: señales, límites y ayuda

Adolescentes

· Publicado el · 11 min de lectura

La adicción a los videojuegos en la adolescencia existe, pero es mucho menos frecuente que jugar mucho, y la diferencia no está solo en el número de horas. La Organización Mundial de la Salud describe el trastorno por videojuegos con tres rasgos: pérdida de control sobre el juego, prioridad del juego sobre otras actividades y continuación del juego pese a las consecuencias negativas, normalmente durante al menos 12 meses. Si su hijo adolescente juega mucho pero sigue durmiendo, estudiando, comiendo y viendo a sus amigos, lo más probable es que se trate de una afición que necesita límites y no de una adicción.

En resumen:

  • El trastorno por videojuegos implica pérdida de control, juego primero y daños que se mantienen.
  • La mayoría de los adolescentes que juegan no desarrollan adicción.
  • Mire el sueño, los estudios, los amigos y el ánimo más que el reloj.
  • Empiece con una charla tranquila y pacten los límites juntos.
  • Si las reglas fallan o la vida diaria sufre, consulte al pediatra.
Adicción a los videojuegos: señales, límites y ayuda
En este artículo · 11 min de lectura
  1. ¿Adicción a los videojuegos o simple afición?
  2. Señales de alerta que cuentan más que el reloj
  3. Qué hacer: un plan familiar en cuatro pasos
  4. Compras dentro del juego y seguridad en línea
  5. Dónde encaja el libro
  6. Cuándo consultar a un profesional
  7. Para quién es
  8. Términos clave
  9. Preguntas frecuentes
  10. Fuentes

Jugar forma parte de la vida de casi todos los adolescentes. Una encuesta del Pew Research Center a jóvenes de 13 a 17 años encontró que el 85 % juega a videojuegos, el 41 % lo hace a diario y el 89 % de los que juegan lo hace con otras personas, en persona o en línea (Pew Research Center, 2024, en inglés). Para una familia, la pregunta rara vez es «¿es normal que juegue?», sino «¿sigue siendo su decisión?».

¿Adicción a los videojuegos o simple afición?

El trastorno por videojuegos figura como diagnóstico en la Clasificación Internacional de Enfermedades de la OMS (CIE-11). La OMS lo define como un patrón de conducta de juego con tres rasgos: control deficiente sobre el juego, prioridad creciente del juego sobre otras actividades y continuación o aumento del juego a pesar de las consecuencias negativas. Normalmente tiene que ser evidente durante al menos 12 meses, y afecta solo a una pequeña proporción de las personas que juegan (OMS, trastorno por videojuegos, en inglés).

Las cifras ayudan a mantener la medida. La encuesta ESTUDES, una encuesta nacional a estudiantes de 14 a 18 años del Observatorio de las Drogas y las Adicciones (OEDA), recoge que el 83,1 % había jugado a videojuegos en el último año y que el 5,1 % presentaba un posible trastorno por uso de videojuegos según una escala basada en los criterios del DSM-5 (el manual estadounidense de trastornos mentales). Entre los chicos fue el 7,7 % y entre las chicas el 2,5 %, tras un 6,1 % en 2019 y un 7,1 % en 2021 (OEDA, 2024). La puntuación de un cuestionario es un cribado, no un diagnóstico, pero el mensaje es claro: los chicos están más afectados y la mayoría de los jugadores no lo está.

Adicción a los videojuegos: gráfico del porcentaje de estudiantes con posible trastorno, 2019 a 2023

Los propios adolescentes también opinan. En la encuesta de Pew, el 58 % dijo jugar más o menos el tiempo adecuado y el 14 % demasiado, pero entre los chicos el 22 % dijo «demasiado», frente al 6 % de las chicas. De los adolescentes que juegan, el 41 % considera que el juego ha perjudicado su sueño (Pew Research Center, 2024). Si su hijo le dice que juega demasiado o que duerme mal por el juego, le está abriendo una puerta. Aprovéchela.

Señales de alerta que cuentan más que el reloj

La Academia Estadounidense de Pediatría enumera señales de uso poco saludable: estar obsesionado con los videojuegos y ponerse triste, irritable o ansioso cuando no puede jugar; querer jugar cada vez más y no poder reducir el tiempo ni dejarlo; perder interés en actividades que antes disfrutaba; mentir sobre cuánto juega; y usar el juego para aliviar el mal humor. Añade que es más probable que sean varones, que descuiden tareas, sueño, ejercicio o relaciones, y que los niños con depresión, ansiedad o TDAH pueden ser más vulnerables (HealthyChildren.org, Academia Estadounidense de Pediatría, 2025).

Esta tabla sencilla le ayuda a clasificar lo que observa:

A menudo solo entusiasmo Conviene mirar con más atención
Habla de juegos todo el tiempo, pero para si se lo piden Se enfada o entra en pánico cuando se le pide parar, una y otra vez
Juega mucho el fin de semana y sigue viendo a sus amigos Deja a los amigos, el deporte o las aficiones que le gustaban
Cansado después de una partida larga Se acuesta muy tarde con regularidad y los estudios se resienten
A veces juega un poco más de lo pactado Miente sobre el tiempo de juego y lo oculta
Gasta su paga en un juego Gasta cada vez más y pide datos de pago

Una sola fila prueba poco. Lo que cuenta es un patrón que dura semanas y toca el sueño, los estudios, el ánimo y las amistades, y por eso la OMS mira los daños y no las horas.

Qué hacer: un plan familiar en cuatro pasos

Adicción a los videojuegos: un plan familiar en cuatro pasos

1. Hable antes de poner reglas. Pregunte qué le gusta del juego, con quién juega, qué intenta conseguir. Un adolescente que se siente interrogado se cierra, y con frecuencia el juego es su forma de pasar tiempo con sus amigos. La Academia Estadounidense de Pediatría aconseja jugar con el hijo y dar buen ejemplo, lo que además ayuda a establecer límites de tiempo (HealthyChildren.org, 2025).

2. Pacten los límites juntos. Los límites que el adolescente ayudó a escribir se defienden mejor. Póngalos por escrito. El pacto familiar de más abajo es un punto de partida para copiar.

3. Llene el resto del día. Un límite solo funciona si hay otra cosa que hacer. Planifique deporte, un amigo en casa, una tarea del hogar, un paseo. De noche, los dispositivos fuera del dormitorio, y el juego en espacios comunes cuando sea posible.

4. Revisen y pida ayuda si hace falta. Vuelvan a mirar el pacto cada pocas semanas. Si se resiste a cada intento de reducir, llame al pediatra, como aconseja la Academia Estadounidense de Pediatría.

Un pacto de juego para copiar

Escríbanlo juntos, fírmenlo, péguenlo en la nevera:

  • Antes de jugar: los deberes y las tareas de casa están hechos. Jugar es un premio, no una prioridad.
  • Entre semana: hasta ____ minutos, y terminar al menos una hora antes de acostarse.
  • El fin de semana: hasta ____ horas, con una pausa cada hora para comer, beber y moverse.
  • Dónde: en el salón o con la puerta abierta; consolas y móviles duermen fuera de la habitación.
  • Dinero: ninguna compra dentro de un juego sin preguntar antes, y ninguna tarjeta guardada en su cuenta.
  • Si no se cumple el pacto: hablamos primero; después se aplica la consecuencia acordada (por ejemplo, un día menos de juego).
  • Revisión: volvemos a mirar esta página el ____ y cambiamos lo que no funcione.

Un límite semanal puede ser más fácil de manejar que uno diario, porque el adolescente puede organizarse en torno a un torneo o una semana de exámenes. Las cifras exactas son una decisión de cada familia. Los expertos no coinciden en un número mágico de horas, y por eso el pacto habla también de sueño, deberes y pausas.

Compras dentro del juego y seguridad en línea

Muchos juegos venden objetos, aspectos y monedas por dinero real, y algunos tienen cajas de botín, en las que se paga por una recompensa al azar. Es un mecanismo parecido al juego de azar y puede aumentar el riesgo de adicción. Desactive las compras dentro de las aplicaciones, use los ajustes de control parental y no guarde datos de tarjeta en el dispositivo del adolescente. La Academia Estadounidense de Pediatría recomienda además conocer los juegos y aplicaciones que usa, porque suelen incluir publicidad, mensajes ocultos y recogida de datos personales. Hable también de los desconocidos: un apodo que no revele quién es, ninguna dirección ni teléfono compartidos, y saber bloquear y denunciar a un jugador tóxico.

El siguiente vídeo, de la organización sin ánimo de lucro Children and Screens, presenta al investigador en psicología Douglas Gentile hablando de cómo los videojuegos pueden influir en la conducta y la salud de los niños. Está en inglés.

Efectos de los videojuegos en la conducta y la salud de los niños, con Douglas Gentile (Children and Screens) (en inglés)

La opinión de Magda Pabst

En 100 Misterios de la Pubertad para Chicos, Magda Pabst se dirige al propio adolescente y ve el juego como algo que se disfruta dentro de unos límites. Aconseja pactar un tiempo de juego semanal razonable, idealmente con los padres, usar un temporizador o una aplicación para cumplirlo y encender la consola solo después de los deberes y las obligaciones, de modo que el juego sea un premio y no la prioridad. También enumera señales de que el juego se está convirtiendo en un problema: saltarse comidas, perder sueño y evitar a los amigos y a la familia para jugar. El libro ofrece información general y no diagnostica nada; si el juego afecta seriamente a la vida diaria, remite a un médico o a un servicio oficial.

Dónde encaja el libro

100 Misterios de la Pubertad para Chicos, de Magda Pabst, es una guía franca y con humor, escrita en segunda persona para el chico y no para usted. Su capítulo sobre las adicciones explica la dopamina, la señal de recompensa del cerebro, con palabras de adolescente y trae secciones breves sobre pantallas y videojuegos; el capítulo sobre Internet trata los juegos en línea, la privacidad y los gastos. Como algunos pasajes son bastante directos, conviene que usted lo hojee antes de dárselo. No es un libro médico y no sustituye una conversación con su hijo ni el consejo de un médico. Books Go Publications publica libros para niños y adolescentes, además de otros temas.

En Books Go Publications publicamos más de 50 libros en inglés, francés, alemán y español, con traductores y editores nativos para cada idioma, y construimos nuestras guías sobre fuentes fiables, que es el enfoque de este artículo.

Cuándo consultar a un profesional

Hable con su pediatra o con su médico de familia si su hijo se resiste a cada intento de reducir, si el juego interfiere claramente con los estudios, el sueño, las comidas o las amistades, o si usted nota ánimo bajo, ansiedad o un cambio drástico de conducta. El médico mira el conjunto, incluidas las dificultades que suelen acompañar al juego problemático, como la depresión, la ansiedad o el TDAH, y puede derivarle a un especialista. Si su hijo parece estar en una situación de angustia, puede encontrar servicios de ayuda en el directorio internacional findahelpline.com.

Para temas relacionados, vea nuestras guías sobre redes sociales y adolescentes con normas en familia, sobre el tiempo de pantalla por edad y sobre los cambios de humor en adolescentes. Encontrará más libros y guías en la página de inicio de Books Go Publications.

Para quién es

Esta guía es para adultos que quieren entender dónde termina la afición y dónde empieza el problema, y para los adolescentes con quienes viven.

  • Padres de un adolescente que juega a diario: use la tabla y las señales de alerta para ver si es una afición o un patrón instalado.
  • Familias preocupadas por las noches largas y el mal humor: use el plan familiar y el pacto para retomar la conversación con calma.
  • Docentes, entrenadores y familiares: reconozcan las señales y sepan cuándo proponer una charla con la familia o con un médico.
  • Adolescentes que sospechan que juegan demasiado: las señales y el pacto pueden ayudar a ponerse límites propios.

Términos clave

  • Trastorno por videojuegos: patrón de juego con control deficiente, prioridad del juego y continuación pese a los daños, normalmente durante al menos 12 meses.
  • Control deficiente: dificultad para decidir cuándo empezar, cuánto jugar y cuándo parar.
  • Dopamina: sustancia del cerebro ligada a la recompensa y la motivación, que los juegos están diseñados para estimular.
  • Caja de botín: objeto de juego de pago cuya recompensa no se conoce de antemano.
  • Microtransacción: pequeño pago dentro de un juego para comprar objetos, aspectos o monedas.

Preguntas frecuentes

¿Cómo sé si mi hijo adolescente es adicto a los videojuegos?

Mire los efectos y no solo las horas: pérdida de control, juego que pasa por delante de los estudios, el sueño, los amigos y las aficiones, y continuación pese a los problemas. La OMS indica que este patrón normalmente debe ser evidente durante unos 12 meses, pero puede pedir consejo médico antes si le preocupa.

¿Cuántas horas de videojuegos son demasiadas para un adolescente?

Los expertos no dan una cifra única. La Academia Estadounidense de Pediatría se fija en si el juego desplaza los deberes, el sueño, el ejercicio y las relaciones, y propone un plan familiar de uso de pantallas. Use su propio pacto y revíselo a menudo.

¿Es más frecuente la adicción a los videojuegos en los chicos?

Sí, en los datos de encuestas. En 2023, el 7,7 % de los chicos de 14 a 18 años presentaba un posible trastorno frente al 2,5 % de las chicas, y la Academia Estadounidense de Pediatría también indica que es más probable que sean varones.

¿Debo quitarle la consola?

Una prohibición total rara vez enseña autocontrol y puede llevar al secretismo o al conflicto. Suele ser mejor pactar límites, dejar los dispositivos fuera del dormitorio y planificar otras actividades. Una pausa corta y acordada puede formar parte del plan si no se cumplen las reglas.

¿El TDAH hace más probables los problemas con el juego?

La Academia Estadounidense de Pediatría indica que los niños con TDAH podrían ser especialmente vulnerables. Si sospecha TDAH u otra dificultad, hable con su pediatra en lugar de suponer.

¿Y si mi hijo no quiere hablar del tema?

Empiece con algo pequeño y sin juicios, como pedirle que le enseñe el juego o echar una partida juntos. Elija un momento tranquilo, no una discusión. Si sigue negándose y las señales continúan, pida ayuda a su pediatra.

Fuentes

Este artículo es solo informativo y no sustituye el consejo de un médico, dietista u otro profesional cualificado.